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sábado, 19 de octubre de 2013

LA VIDA FELIZ QUE DIOS QUIERE COMUNICARNOS


Yo he venido a que tengan vida y la tengan en abundancia. Esas palabras son de Jesucristo, he indican la vida plena que Dios por el gran amor que nos tiene quiere comunicarnos. Esa vida en abundancia es precisamente el Reino de Dios al que podemos acceder desde la vida presente. Es una vida en la que se nos comunica la mismísima vida de Dios, y por ello podemos vivir amando como Dios mismo ama con la consiguiente dicha que ello reditúa. Vida plena, vida en abundancia, esa es la que Dios quiere comunicarnos por el gran amor que nos tiene.

¿No sería maravilloso poder vivir sin preocupaciones, sin rencores, sin deseos desordenados, sin tristezas, sin aburrimiento? ¿No sería algo estupendo vivir con confianza, con paz en el corazón, con una tarea maravillosa que realizar en la vida? Pues así es como Dios quiere que vivamos, felices, y haciendo felices a los demás.

¿Cómo podemos vivir así? Esa vida en abundancia a la que Dios nos invita tiene una puerta de acceso, esa puerta es la fe. Para poder vivir la vida feliz del Reino de Dios es necesario creer en Dios Padre, creer en su Hijo Jesucristo, y creer en el Espíritu Santo, así como creer en la Iglesia, la cuál Jesucristo fundó para comunicarnos la vida de la gracia y hacer que vivamos como la familia de Dios en la tierra.

La fe en Dios nos lleva a amar a Dios y a amar a nuestro prójimo, y en la medida en que aumenta nuestro amor aumenta le plenitud de nuestra vida. Por eso, para que podamos vivir vida en abundancia es imprescindible que esté arraigada en nosotros la virtud de la fe. Hay que creer todo lo que Dios en su Hijo Jesucristo nos ha revelado y todo lo que su Iglesia con maternal amor nos enseña. Creer todo ello, hasta hacerlo vida en nosotros. Eso es vivir en la verdad. Vivir la vida en abundancia del Reino de Dios.

Cuando fuiste bautizado recibiste el don de la fe. Ahora es tu tarea de que así como se cuida con esmero una pequeña planta hasta que crece y se convierte en un majestuoso árbol que da frutos a su tiempo, así tú cultives el don de la fe que recibiste hasta que de frutos de santidad en tu vida.


Diego Alberto Treviño Rodríguez
3 de octubre de 2013
 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

TU ELIGES COMO QUIERES VIVIR

En las Sagradas Escrituras se encuentra el siguiente mensaje: “Aléjate del mal, haz el bien, busca la paz y síguela” (Salmo 34,15). Dios, en su infinita sabiduría decidió crearnos como seres libres. ¿Qué significa eso? Significa que somos nosotros los que elegimos lo que hacemos en la vida. Siempre, antes de empezar a actuar, se nos presentan varias opciones, y somos nosotros los que elegimos la que nos parece mejor. Así vamos desarrollando nuestra vida. Hay algo muy común que sucede, que es una terrible tragedia: muchas veces elegimos mal. Eso causa que nuestra persona se dañe y que dañemos a los demás. Son malas decisiones, nos hacemos un mal, y le hacemos un mal a nuestros semejantes. Esas malas  acciones son precisamente obrar el pecado.

Dios, que nos ama entrañablemente, queriendo lo mejor para nosotros, nos pide que nos alejemos del mal. Es como si Dios nos dijera: “No obres el pecado, porque si lo realizas te vas a volver una persona mala, una persona que no es como Yo que soy bueno, y por eso vas a empezar a sentirte muy mal. Empezarás a vivir desordenadamente, amando el pecado que Yo tanto odio, y odiando la virtud que Yo tanto amo, así mi dicha nunca podrá estar en ti.”

Así pues, para poder vivir sabiamente lo primero que debemos hacer es alejarnos del mal, para entonces comenzar a hacer el bien. Es como si Dios nos dijera: “Haz lo que debes hacer en cada momento de tu vida, aunque te cueste mucho. Así, haciendo el bien, mejorarás tu persona, te irás pareciendo cada vez más a Mí, que soy bueno, y por eso mi dicha cada vez estará más presente en ti. Serás feliz como Yo soy feliz”.

Cada quien es libre de elegir lo que mejor le parezca en la vida, pero hay que tener muy presente que si decidimos hacer el mal nos vamos a hacer daño, nos vamos a alejar de la auténtica felicidad. Si en cambio, optamos por hacer el bien, aunque nos cueste mucho, nos vamos a estar haciendo un bien, y ello traerá como consecuencia en nosotros un aumento de nuestra participación en la vida dichosa de Dios, desde ésta vida, y en su plenitud en la eternidad.


Diego Alberto Treviño Rodríguez.
17 de septiembre de 2013

sábado, 14 de septiembre de 2013

LAS COSAS NO SON FINES SINO MEDIOS

Nada trajimos a este mundo y nada nos podremos llevar. El error que muchos de nosotros cometemos consiste en vivir para obtener bienes materiales. Pensamos equivocadamente que si obtenemos más cosas seremos más felices. Nos imaginamos erradamente que las personas más ricas son más dichosas. Por eso, porque muchos piensan de esa manera, dirigen todo su esfuerzo a enriquecerse cada vez más, y muchas personas que no están en condiciones de enriquecerse, por pensar también de esa manera equivocada, sienten envidia por los que más tienen y tristeza por tener tan poco. Esas actitudes, el vivir para enriquecerse, el envidiar a los que más tienen, y el sentir tristeza por tener poco, son actitudes equivocadas que podrían corregirse si comprendiéramos el papel que Dios le ha asignado a los bienes materiales.

Todos necesitamos para vivir de bienes materiales. Estos son necesarios por nuestra naturaleza corpórea. Nuestro cuerpo requiere ser alimentado y vestido; así mismo, necesitamos de un lugar donde vivir. Los bienes materiales son en el plan de Dios medios para desarrollar adecuadamente nuestra vida. Nuestro error ante los bienes materiales es el siguiente: en lugar de verlos como lo que son, medios para desarrollar adecuadamente nuestra vida, los vemos como bienes por los cuales debemos vivir, ilusionándonos pensando que teniendo más de esos bienes llegaremos a ser más felices.

¿Por qué es equivocado pensar que teniendo más bienes materiales se puede ser más feliz? Porque lo que nos hace felices no es el tener cosas materiales sino el vivir para servir a Dios y a nuestros semejantes. Dios es amor, y nosotros fuimos creados por Él a su imagen y semejanza, por eso sólo amando podemos vivir de acuerdo a lo que realmente somos.

Dejemos de buscar nuestra felicidad en los bienes materiales, ellos nunca llenarán el ansia de plenitud que llevamos dentro. Comencemos a preguntarnos que podemos hacer de bueno por las personas que nos rodean, encontremos la respuesta, y empecemos a ponerla en práctica, y por consecuencia de ese amor que comencemos a ejercer en nuestras vidas empezaremos a experimentar auténtica felicidad.


Diego Alberto Treviño Rodríguez
12 de septiembre de 2013

jueves, 29 de agosto de 2013

VIVIR CON PLENITUD ESTA A TU ALCANCE

¿Sabes en que consiste vivir con sabiduría? Tú puedes aprender a ser feliz, puedes, si tú lo decides, aprender a vivir sin preocupaciones, disfrutando cada cosa que te va sucediendo como un regalo del amor de Dios para contigo. Eso es vivir con sabiduría, comenzar a experimentar la vida eterna desde la vida presente, amando a Dios, amando al prójimo, amándote a ti mismo, compartiendo el gozo que Dios te transmite a cuantos te rodean.

 Tú puedes aprender a vivir así. Dios lo quiere, falta que tú lo quieras. ¿Qué debes hacer? Buscar la interiorización, dejar la exteriorización. Dejar de buscar en el exterior la felicidad que anhelas y comenzar a hacer viajes hacia tu interior, pues es allí donde la felicidad auténtica tiene su morada.

 Mira a tu alrededor y comprobarás que equivocadamente la inmensa mayoría de las personas buscan la felicidad fuera de sí mismas. El signo que indica que esto es lo que en verdad sucede es la pujante industria del entretenimiento que existe en nuestro mundo. Estamos buscando nuestra dicha donde ésta en realidad no se encuentra. Por eso la mayoría de las personas sólo experimentan fugaces momentos de felicidad en el estado de insatisfacción y aburrimiento en el que se encuentran inmersas. Andan hambrientas de felicidad, y buscando la misma fuera de sí mismas, en lo exterior, sólo logran alimentarse de productos chatarra. 

 En nuestro interior, en nuestro corazón, es donde acertadamente podemos encontrar la dicha que tanto anhelamos. Allí, en nuestro interior, es donde mora Dios. Él está esperando a que tú, en lugar de prender el televisor, la computadora, o el radio, te des un tiempo para sumergirte en ti mismo, y así tener una audiencia con él. Si haces eso, no una vez, sino constantemente, Dios te va a ir llenando de su amor y de su sabiduría. Después de esos encuentros volverás al mundo con una visión y un estado afectivo más perfectos, capaces de hacerte vivir con una plenitud que desconocías, con una plenitud que irá creciendo hasta hacer de ella partícipes a cuantos te rodean.

 Diego Alberto Treviño Rodríguez.
29 de agosto de 2013

domingo, 11 de agosto de 2013

COMO SENTIRNOS SEGUROS

¿A quién le gusta sentirse inseguro en la vida? La respuesta es indudablemente la siguiente: a nadie. A nadie nos gusta sentirnos inseguros porque fuimos hechos para ser felices y el temor nos roba la felicidad. Muchas veces sentimos temor de perder nuestros bienes materiales, de perder nuestro trabajo, de perder a nuestros seres queridos, de perder nuestra vida, y la manera como solucionamos esos temores muchas veces no es la adecuada, porque ponemos nuestra seguridad en cosas que nos pueden fallar y que muchas veces impiden que nos desarrollemos plenamente como personas que somos. Si ponemos nuestra seguridad en el dinero o en los demás bienes materiales que poseemos nos podemos volver personas avaras, incapaces de amar. Si ponemos nuestra seguridad en las personas que nos rodean nos volvemos dependientes de ellas y éstas nos pueden fallar. Si ponemos nuestra seguridad en nosotros mismos caemos en el grave peligro de volvernos personas egoístas y soberbias. ¿En qué pues nos es conveniente poner nuestra seguridad? Nos es conveniente ponerla en lo único plenamente estable, en Aquél que nos creó, nuestro Padre Dios. Él mismo nos lo pide a través de las Sagradas Escrituras, quiere que pongamos en Él toda nuestra confianza. Nuestra actitud debe ser la siguiente: “Padre mío, yo soy todo tuyo, y por tanto yo estoy convencido de que nada puede sucederme sin que primero Tú lo hayas querido o permitido, por tanto, que se haga Tu voluntad en mi vida, yo confío en Ti” Si hacemos éste acto de manera habitual, renunciamos a poner nuestra confianza en todo aquello que no sea nuestro Padre Dios, y  nos decidimos a poner toda nuestra confianza en Él, va  a nacer en nuestro corazón una seguridad imperturbable.

Diego Alberto Treviño Rodríguez
26 de agosto de 2012







martes, 2 de julio de 2013

EL REINO ENGAÑADO

EL REINO ENGAÑADO

Había una vez un reino que tenía a un rey ya muy anciano. En cierta ocasión éste se puso a pensar: “Ya soy muy viejo y pronto me voy a morir. Debo elegir a mi sucesor”. El rey tenía dos hijos, el mayor de ellos era una persona soberbia y egoísta, y el hijo menor era humilde y servicial. El rey se puso a pensar sobre cuál de sus dos hijos  convendría más que lo sucediera. Se dijo así mismo: “Quiero dejar a mi gente en manos de alguien que de verdad los beneficie y les brinde felicidad. Por lo tanto viendo a mis hijos como son me decido pues a elegir a mi hijo menor para que me suceda en el trono”. Mandó llamar a sus dos hijos y les dijo: “Hijos míos, yo ya estoy muy anciano y pronto voy a morir, por lo que he elegido de entre ustedes dos a mi sucesor. Para ello elaboré un decreto, el cuál lo guardé en el cajón de mi escritorio. Cuando yo muera busquen el decreto y aplíquenlo de inmediato”. Pasaron los días y efectivamente el rey murió. Enseguida sus dos hijos buscaron el decreto, pero el cajón en el que lo había metido el rey estaba cerrado con llave y ellos no sabían donde encontrar la llave. Entonces el hijo mayor pensó: “De seguro mi padre eligió a mi hermano para sucederlo, y yo quiero ser rey. Esta es mi oportunidad para conseguirlo”. Se retiró a su habitación y él elaboró un decreto falso en el que se ponía él mismo como sucesor de su padre. Se los leyó a los miembros de la corte y ellos lo coronaron como rey del reino. Ya investido con su nueva autoridad lo primero que hizo fue desterrar a su hermano menor a una aldea muy lejana en la que comenzó a llevar en adelante vida de campesino. No pasó mucho tiempo para que la gente del reino comenzara a sufrir las consecuencias de tener a un rey soberbio y egoísta. Les comenzó a cobrar muchos impuestos y los trataba a todos con desprecio. Empezó a haber mucha infelicidad en ese reino. Pero cierto día el mayordomo del rey de casualidad se encontró con la llave del rey que tiempo atrás había fallecido, con ella abrió el cajón del escritorio en el que se encontraba el autentico decreto de sucesión y lo leyó. Reunió secretamente a los miembros de la corte y se los leyó también a ellos. Se había descubierto la verdad, el pasado rey no había dejado como sucesor suyo a su hijo mayor sino a su hijo menor. Mandaron pues apresar al rey, lo despojaron de su autoridad y lo encerraron en la cárcel por haber engañado al pueblo, y mandaron traer a su hermano menor que estaba desterrado y lo coronaron como rey del reino. Como el nuevo rey era humilde y servicial la suerte del reino comenzó a cambiar, empezó a haber entre ellos autentica dicha y prosperidad.

Dios tiene el derecho de reinar en nuestro corazón porqué Él es nuestro creador, pero cuando nosotros decidimos no hacer su voluntad lo desterramos fuera de nosotros y entonces sucede que el Demonio, su enemigo, comienza a reinar en lugar suyo en nuestro interior. Y sucede que como el Demonio es soberbio y egoísta nosotros comenzamos a sufrir las consecuencias. Pero si tomamos conciencia del mal que hicimos y nos arrepentimos echamos fuera al Demonio de nuestro interior y hacemos que vuelva Dios a reinar en nuestro corazón. Y como Dios es infinitamente sabio y bueno comenzamos entonces a experimentar verdadera paz y felicidad en nuestra vida.


Diego Alberto Treviño Rodríguez





lunes, 24 de junio de 2013

COMO SANAR NUESTRAS HERIDAS

Todos nosotros, a lo largo de nuestra vida, hemos recibido ofensas por parte de las personas que nos rodean. Se nos ha lastimado, se nos ha humillado, se nos ha hecho daño; y esto, muchas veces por las personas que más amamos.

Como resultado de todo ello andamos cargando con muchas heridas en nuestro interior, y cuando se nos viene el recuerdo de ese mal acontecimiento volvemos a sufrir.

Como desearíamos que nunca hubiera pasado lo que tanto nos lastimó, lo que ha hecho y sigue haciendo que nos sintamos terriblemente mal cuando se nos viene el recuerdo de lo ocurrido. ¿Qué podemos hacer ante ese mal que traemos con nosotros y que nos amarga la vida?

Si nos damos cuenta de que de pronto nuestra casa se está quemando lo primero que debemos hacer es apagar ese fuego, luego nos dedicaremos a realizar las composturas. Así, cuando somos heridos por alguien, sucede como si nos prendieran fuego en nuestra alma. No debemos alimentar ese fuego voluntariamente recordando el mal que se nos hizo y deseando vengarnos. Eso nos hace mucho daño, porque en lugar de apagar el fuego que se nos prendió lo estamos alimentando, y así nunca habrá paz en nuestro interior, así nunca seremos felices, siempre andaremos sintiéndonos mal.

Así pues, debemos buscar la manera de apagar el fuego que se nos encendió en nuestro interior. ¿Cómo hacer esto? Esto lo podemos hacer cuando nos decidamos a perdonar a los que nos han ofendido. Ya no recordar voluntariamente el mal que se nos hizo y esforzarnos con la ayuda de Dios a comprender a quienes nos lastimaron, a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo que clavado en la cruz exclamó: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Hay que decidirnos a considerar todo lo bueno que hay en las personas que nos han ofendido, así como elevarle a Dios oraciones por el bien de ellos. Haciendo todo esto repetidas veces nuestro corazón se irá sanando. 

Nosotros, muchas veces, a lo largo de nuestra vida, hemos ofendido a Dios con nuestro mal comportamiento, y sin embargo Él pudiendo hacernos desaparecer por lo que hemos hecho no lo hace, nos sigue dando la vida, nos perdona. Así nosotros, a ejemplo de Él, debemos perdonar a los que nos han ofendido. Si hacemos esto, esas heridas que cargamos con nosotros se llegarán a sanar y entonces podremos sentirnos felices.


Diego Alberto Treviño Rodríguez.
4 de Junio de 2012

jueves, 13 de junio de 2013

COMO PODEMOS VALORAR NUESTRA PERSONA

Es importante que descubramos en realidad cuál es el valor de nuestra persona. Desgraciadamente en esto fallamos mucho, pues es muy común que nos infravaloremos cayendo en complejos de inferioridad, o que hagamos lo contrario, que caigamos en soberbia dándonos un valor que no tenemos.

¿Quién es quien puede valorar justamente nuestra persona? Sólo alguien que nos conoce perfectamente, y ese alguien no es otro más que Dios. Así pues, para descubrir el autentico valor de nuestra persona debemos preguntarnos cuanto valemos ante Aquél que es nuestro creador.

Por la revelación cristiana sabemos que nosotros, los seres humanos, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, y que al ser bautizados fuimos adoptados por Dios como hijos suyos. Así pues, cada uno de nosotros somos un hijo o una hija de Dios, y como tal nuestra persona posee un valor superior a todas las demás realidades.

Ese es el gran valor que tiene nuestra persona: somos hijos de Dios. Sin embargo es muy común que no alcancemos a darnos cuenta del valor que posee la filiación divina que tenemos, y ello se debe a la falta de fe que hay en nosotros. Obviamente si conocemos poco a Dios no vamos a darnos cuenta de lo excelso que es ser hijo suyo, y entonces vamos a buscar valorar nuestra persona en base a otras cosas que conocemos mejor como nuestras cualidades, logros y posesiones materiales. Al hacer eso desgraciadamente caemos en soberbia porque nos atribuimos a nosotros mismos cosas que las hemos recibido de Dios. En efecto, si originalmente somos creaturas de Dios todo lo bueno que hay en nosotros de Él lo hemos recibido, y es para su gloria.

La tarea entonces a seguir para conocer la excelsa dignidad que tenemos consiste en dedicarnos a conocer cada día más el infinito valor que Dios tiene, y de esa manera vamos por consiguiente a ir descubriendo también el infinito valor que tiene nuestra persona por estar adoptada por Él como hijo suyo. En la medida en que descubras la grandeza de Dios iras descubriendo la grandeza de tu persona.


Diego Alberto Treviño Rodríguez

martes, 4 de junio de 2013

EL PODER DE VER

En una galaxia muy lejana existía un planeta habitado por seres inteligentes. Todos ellos podían pensar y actuar libremente, pero tenían todos ellos un gran defecto: estaban ciegos. Todos ellos tenían ojos pero no podían ver a través de ellos, y esto les parecía lo más normal. Sucedió que un ser de otro planeta que sí podía ver llegó al planeta de los ciegos y observando la situación se llenó de compasión por ellos. Se regresó a su planeta de origen y elaboro una medicina que tenía el poder de hacer que los ciegos pudieran ver. Regresó al planeta de los ciegos y comenzó a darles esa medicina a ellos, lo cuál hizo que comenzarán a ver por primera vez. La vida en el planeta de los que antes estaban ciegos mejoró mucho pues ahora los que antes no podían ver ahora lo hacían.

Así como ese ser que sí podía ver y que se llenó de compasión al ver a los ciegos es Nuestro Señor Jesucristo. Nosotros vivíamos sin poder conocer a Dios, estábamos ciegos para con la realidad más importante de la existencia, y Él, lleno de compasión por nosotros nos trajo la virtud de la fe. Todo aquél ser humano que acepta el bautismo recibe en su alma esa virtud, la virtud de la fe, la cuál lo capacita para creer en Dios y en todo lo que Él nos ha revelado. Dejamos de ser ciegos espirituales y comenzamos a ver. Y viendo a través de la virtud de la fe nuestra vida mejora mucho.


Diego Alberto Treviño Rodríguez.

sábado, 1 de junio de 2013

PARA LO QUE ESTAMOS HECHOS

Existen un sin número de objetivos por los que nosotros los seres humanos vivimos. Unos se deciden a vivir para destacar en su propia profesión, otros optan por generar la mayor cantidad de dinero que puedan para obtener cada vez mayor comodidad en la vida, y así, cada ser humano se decide a dedicar su vida a aquello que juzga más conveniente, a aquello que cree que le dará mayor felicidad.

Nadie puede negar que en todas las cosas que emprendemos, tarde o temprano, surge un sentimiento que nos roba la felicidad, es la insatisfacción. Por más logros que obtengamos, por más reconocimientos que recibamos, por más dinero que juntemos, por más placer que obtengamos, siempre, tarde o temprano, surge ese desabrido sentimiento en nuestro interior, la insatisfacción.

¿Acaso ese sentimiento no nos está avisando que estamos equivocando el camino? ¿No deberíamos hacer un alto en nuestra marcha y ponernos a reflexionar de si en verdad hemos elegido lo correcto en la vida?

Hay algo que las personas que más plenamente han vivido han descubierto: estamos hechos para amar. Cuando amamos de verdad es cuando más felicidad sentimos. Y eso sucede porque todos nosotros fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, y Dios es amor.

Si comprendiéramos que amando a Dios sobre todas las cosas, y amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos podemos encontrar la felicidad que tanto anhelamos dejaríamos de andar por la vida tras la búsqueda de las cosas que habitualmente deseamos conseguir, que nunca nos colman y que desgraciadamente nos vuelven personas egoístas, y comenzaríamos una vida nueva llena de amor a Dios, llena de amor al prójimo, y por consiguiente, llena de sentido y felicidad.

Diego Alberto Treviño Rodríguez.

SE FELIZ

viernes, 31 de mayo de 2013

COMO SER ALEGRE


EL HOMBRE QUE SE SACRIFICA POR SU AMADA

Un hombre se encontraba muy enamorado de una mujer, ya había conseguido su aceptación para iniciar una relación de noviazgo con ella, salían juntos, dialogaban, pero ella aún no estaba convencida de que él fuera el hombre de su vida. Sucedió que esta mujer en cierta ocasión cayó en la tentación de robar un objeto de gran valor y la policía logró arrestarla. Fue metida en la cárcel. Ni sus familiares, ni sus amigos, ni su novio pudieron pagar la fianza, pero éste último, como la amaba mucho, decidió comenzar a trabajar más para así llegar a pagar la fianza y liberarla de la prisión. Él dejó de tener vacaciones, dejó de comprarse ropa nueva y empezó a gastar sólo lo necesario para poder sobrevivir. Y así, con grandes sacrificios de su parte logró reunir la cantidad de dinero que se requería para pagar la fianza que había contraído su novia. Hizo el pago y su novia fue liberada de la cárcel. Ella quedó tan agradecida con él que ya no dudó que él fuera el hombre de su vida, y al poco tiempo se casaron.

Tú, por tus pecados, habías contraído una deuda con tu Creador que no podías pagar y que impedía que pudieras alcanzar tu fin. Pero Jesucristo, por el gran amor que te tiene, decidió él mismo sacrificarse para pagarle a tu Creador la deuda que tenías con Él. Murió por ti en la cruz. Por eso a Él le debes tu salvación. Decidiéndote a ser suyo es como puedes agradecerle todo lo que hizo por ti.

Diego Alberto Treviño Rodríguez.

jueves, 30 de mayo de 2013

COMO SENTIR EL AMOR DE DIOS

El no sentirnos amados es un terrible mal que causa en nuestro corazón un gran vacío, una muy sentida infelicidad. En esas condiciones es imposible amar a nuestros semejantes. Vamos por la vida con nuestro corazón vacío, sufriendo y haciendo sufrir a los demás. ¿Cómo remediar este nefasto mal que tenemos? La respuesta es muy sencilla: experimentando el infinito amor que Dios nos tiene. ¿Pero como podemos lograr esta maravilla?

Todos nosotros nos levantamos cada mañana y comenzamos a tener una serie de actividades a lo largo del día. Hacemos cosas y nos suceden otras. En esto último, lo que nos sucede, experimentamos tristeza o alegría según si nos agrada o desagrada lo que nos acontece. Pues bien, todo lo bueno que te sucede a lo largo del día es una caricia del amor de Dios para contigo.

A veces andas apesadumbrado y de repente a lo lejos escuchas una música agradable, y ello te levanta el ánimo. Es una caricia del amor de Dios para contigo. Y así, todo lo bueno que te va sucediendo, un saludo afectuoso, una ganancia en tu negocio, una buena noticia, es una manifestación del amor que Dios te tiene.

Al final del día, antes de irte a dormir, ponte a recordar todo lo bueno que te sucedió en el día, y dale las gracias a Dios por todo ello. Si te acostumbras a hacer éste acto vas a ir tomando conciencia del gran amor que Dios te tiene. Vas a empezar a sentirte alegre en la vida porque cada día que pasa va a ir aumentando tu conciencia de saberte amado por Dios, y lleno de ese amor te lanzarás a tus semejantes a hacerlos partícipes de tu alegría.

Diego Alberto Treviño Rodríguez.
COMO SER FELIZ DE VERDAD

Nadie quiere sentir temor y nadie quiere sentir tristeza, o sea nadie quiere sentirse mal, esto, porque estamos hechos para ser felices. Sin embargo es muy común que nos sintamos mal.  

Si vives sintiéndote cotidianamente mal es porque algo anda mal en tu corazón. Algo causa en ti esos sentimientos negativos que tú tienes. Necesitas aprender a vivir bien, y ello no significa mejorar tu entorno, sino tu corazón.

Es tu corazón lo que debes arreglar para poder sentir esa felicidad que tanto anhelas. Si te esfuerzas en componer las cosas externas que hay entorno a ti pero no te dedicas a arreglar tu corazón seguirás sintiendo un vacío, que por más que te esfuerces en llenar con diversiones y placerse no lo podrás colmar.

Ello se debe a que nuestro corazón no está hecho para saciarse con las cosas de la tierra. Nuestro corazón está hecho para llenarse con el amor de Dios. Eso es lo único que lo puede saciar.

Así pues, si quieres ser verdaderamente feliz debes buscar la manera de llenar tu corazón con el infinito amor que Dios te tiene. Dedícate pues a buscar a Dios, y dalo por seguro que Él se te manifestará pues te ama entrañablemente y sólo está esperando que tú te vuelvas a Él para hacerte experimentar el gran amor que te tiene.

Dios te conoce tal y como eres, y así Él te ama entrañablemente. Él sabe perfectamente que tú no puedes amar si primero su amor no reside en ti. Por eso lo que Dios te pide en primer lugar no es que ames, sino que te abras a experimentar el infinito amor que te tiene.

Si llegas a sentir el amor que Dios te brinda, de tu corazón brotará un río de amor hacia Él y hacia tus semejantes, y entonces serás verdaderamente feliz.

Diego Alberto Treviño Rodríguez.