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sábado, 14 de septiembre de 2013

LAS COSAS NO SON FINES SINO MEDIOS

Nada trajimos a este mundo y nada nos podremos llevar. El error que muchos de nosotros cometemos consiste en vivir para obtener bienes materiales. Pensamos equivocadamente que si obtenemos más cosas seremos más felices. Nos imaginamos erradamente que las personas más ricas son más dichosas. Por eso, porque muchos piensan de esa manera, dirigen todo su esfuerzo a enriquecerse cada vez más, y muchas personas que no están en condiciones de enriquecerse, por pensar también de esa manera equivocada, sienten envidia por los que más tienen y tristeza por tener tan poco. Esas actitudes, el vivir para enriquecerse, el envidiar a los que más tienen, y el sentir tristeza por tener poco, son actitudes equivocadas que podrían corregirse si comprendiéramos el papel que Dios le ha asignado a los bienes materiales.

Todos necesitamos para vivir de bienes materiales. Estos son necesarios por nuestra naturaleza corpórea. Nuestro cuerpo requiere ser alimentado y vestido; así mismo, necesitamos de un lugar donde vivir. Los bienes materiales son en el plan de Dios medios para desarrollar adecuadamente nuestra vida. Nuestro error ante los bienes materiales es el siguiente: en lugar de verlos como lo que son, medios para desarrollar adecuadamente nuestra vida, los vemos como bienes por los cuales debemos vivir, ilusionándonos pensando que teniendo más de esos bienes llegaremos a ser más felices.

¿Por qué es equivocado pensar que teniendo más bienes materiales se puede ser más feliz? Porque lo que nos hace felices no es el tener cosas materiales sino el vivir para servir a Dios y a nuestros semejantes. Dios es amor, y nosotros fuimos creados por Él a su imagen y semejanza, por eso sólo amando podemos vivir de acuerdo a lo que realmente somos.

Dejemos de buscar nuestra felicidad en los bienes materiales, ellos nunca llenarán el ansia de plenitud que llevamos dentro. Comencemos a preguntarnos que podemos hacer de bueno por las personas que nos rodean, encontremos la respuesta, y empecemos a ponerla en práctica, y por consecuencia de ese amor que comencemos a ejercer en nuestras vidas empezaremos a experimentar auténtica felicidad.


Diego Alberto Treviño Rodríguez
12 de septiembre de 2013

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