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sábado, 19 de octubre de 2013

LA VIDA FELIZ QUE DIOS QUIERE COMUNICARNOS


Yo he venido a que tengan vida y la tengan en abundancia. Esas palabras son de Jesucristo, he indican la vida plena que Dios por el gran amor que nos tiene quiere comunicarnos. Esa vida en abundancia es precisamente el Reino de Dios al que podemos acceder desde la vida presente. Es una vida en la que se nos comunica la mismísima vida de Dios, y por ello podemos vivir amando como Dios mismo ama con la consiguiente dicha que ello reditúa. Vida plena, vida en abundancia, esa es la que Dios quiere comunicarnos por el gran amor que nos tiene.

¿No sería maravilloso poder vivir sin preocupaciones, sin rencores, sin deseos desordenados, sin tristezas, sin aburrimiento? ¿No sería algo estupendo vivir con confianza, con paz en el corazón, con una tarea maravillosa que realizar en la vida? Pues así es como Dios quiere que vivamos, felices, y haciendo felices a los demás.

¿Cómo podemos vivir así? Esa vida en abundancia a la que Dios nos invita tiene una puerta de acceso, esa puerta es la fe. Para poder vivir la vida feliz del Reino de Dios es necesario creer en Dios Padre, creer en su Hijo Jesucristo, y creer en el Espíritu Santo, así como creer en la Iglesia, la cuál Jesucristo fundó para comunicarnos la vida de la gracia y hacer que vivamos como la familia de Dios en la tierra.

La fe en Dios nos lleva a amar a Dios y a amar a nuestro prójimo, y en la medida en que aumenta nuestro amor aumenta le plenitud de nuestra vida. Por eso, para que podamos vivir vida en abundancia es imprescindible que esté arraigada en nosotros la virtud de la fe. Hay que creer todo lo que Dios en su Hijo Jesucristo nos ha revelado y todo lo que su Iglesia con maternal amor nos enseña. Creer todo ello, hasta hacerlo vida en nosotros. Eso es vivir en la verdad. Vivir la vida en abundancia del Reino de Dios.

Cuando fuiste bautizado recibiste el don de la fe. Ahora es tu tarea de que así como se cuida con esmero una pequeña planta hasta que crece y se convierte en un majestuoso árbol que da frutos a su tiempo, así tú cultives el don de la fe que recibiste hasta que de frutos de santidad en tu vida.


Diego Alberto Treviño Rodríguez
3 de octubre de 2013
 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

TU ELIGES COMO QUIERES VIVIR

En las Sagradas Escrituras se encuentra el siguiente mensaje: “Aléjate del mal, haz el bien, busca la paz y síguela” (Salmo 34,15). Dios, en su infinita sabiduría decidió crearnos como seres libres. ¿Qué significa eso? Significa que somos nosotros los que elegimos lo que hacemos en la vida. Siempre, antes de empezar a actuar, se nos presentan varias opciones, y somos nosotros los que elegimos la que nos parece mejor. Así vamos desarrollando nuestra vida. Hay algo muy común que sucede, que es una terrible tragedia: muchas veces elegimos mal. Eso causa que nuestra persona se dañe y que dañemos a los demás. Son malas decisiones, nos hacemos un mal, y le hacemos un mal a nuestros semejantes. Esas malas  acciones son precisamente obrar el pecado.

Dios, que nos ama entrañablemente, queriendo lo mejor para nosotros, nos pide que nos alejemos del mal. Es como si Dios nos dijera: “No obres el pecado, porque si lo realizas te vas a volver una persona mala, una persona que no es como Yo que soy bueno, y por eso vas a empezar a sentirte muy mal. Empezarás a vivir desordenadamente, amando el pecado que Yo tanto odio, y odiando la virtud que Yo tanto amo, así mi dicha nunca podrá estar en ti.”

Así pues, para poder vivir sabiamente lo primero que debemos hacer es alejarnos del mal, para entonces comenzar a hacer el bien. Es como si Dios nos dijera: “Haz lo que debes hacer en cada momento de tu vida, aunque te cueste mucho. Así, haciendo el bien, mejorarás tu persona, te irás pareciendo cada vez más a Mí, que soy bueno, y por eso mi dicha cada vez estará más presente en ti. Serás feliz como Yo soy feliz”.

Cada quien es libre de elegir lo que mejor le parezca en la vida, pero hay que tener muy presente que si decidimos hacer el mal nos vamos a hacer daño, nos vamos a alejar de la auténtica felicidad. Si en cambio, optamos por hacer el bien, aunque nos cueste mucho, nos vamos a estar haciendo un bien, y ello traerá como consecuencia en nosotros un aumento de nuestra participación en la vida dichosa de Dios, desde ésta vida, y en su plenitud en la eternidad.


Diego Alberto Treviño Rodríguez.
17 de septiembre de 2013

sábado, 14 de septiembre de 2013

LAS COSAS NO SON FINES SINO MEDIOS

Nada trajimos a este mundo y nada nos podremos llevar. El error que muchos de nosotros cometemos consiste en vivir para obtener bienes materiales. Pensamos equivocadamente que si obtenemos más cosas seremos más felices. Nos imaginamos erradamente que las personas más ricas son más dichosas. Por eso, porque muchos piensan de esa manera, dirigen todo su esfuerzo a enriquecerse cada vez más, y muchas personas que no están en condiciones de enriquecerse, por pensar también de esa manera equivocada, sienten envidia por los que más tienen y tristeza por tener tan poco. Esas actitudes, el vivir para enriquecerse, el envidiar a los que más tienen, y el sentir tristeza por tener poco, son actitudes equivocadas que podrían corregirse si comprendiéramos el papel que Dios le ha asignado a los bienes materiales.

Todos necesitamos para vivir de bienes materiales. Estos son necesarios por nuestra naturaleza corpórea. Nuestro cuerpo requiere ser alimentado y vestido; así mismo, necesitamos de un lugar donde vivir. Los bienes materiales son en el plan de Dios medios para desarrollar adecuadamente nuestra vida. Nuestro error ante los bienes materiales es el siguiente: en lugar de verlos como lo que son, medios para desarrollar adecuadamente nuestra vida, los vemos como bienes por los cuales debemos vivir, ilusionándonos pensando que teniendo más de esos bienes llegaremos a ser más felices.

¿Por qué es equivocado pensar que teniendo más bienes materiales se puede ser más feliz? Porque lo que nos hace felices no es el tener cosas materiales sino el vivir para servir a Dios y a nuestros semejantes. Dios es amor, y nosotros fuimos creados por Él a su imagen y semejanza, por eso sólo amando podemos vivir de acuerdo a lo que realmente somos.

Dejemos de buscar nuestra felicidad en los bienes materiales, ellos nunca llenarán el ansia de plenitud que llevamos dentro. Comencemos a preguntarnos que podemos hacer de bueno por las personas que nos rodean, encontremos la respuesta, y empecemos a ponerla en práctica, y por consecuencia de ese amor que comencemos a ejercer en nuestras vidas empezaremos a experimentar auténtica felicidad.


Diego Alberto Treviño Rodríguez
12 de septiembre de 2013

jueves, 29 de agosto de 2013

VIVIR CON PLENITUD ESTA A TU ALCANCE

¿Sabes en que consiste vivir con sabiduría? Tú puedes aprender a ser feliz, puedes, si tú lo decides, aprender a vivir sin preocupaciones, disfrutando cada cosa que te va sucediendo como un regalo del amor de Dios para contigo. Eso es vivir con sabiduría, comenzar a experimentar la vida eterna desde la vida presente, amando a Dios, amando al prójimo, amándote a ti mismo, compartiendo el gozo que Dios te transmite a cuantos te rodean.

 Tú puedes aprender a vivir así. Dios lo quiere, falta que tú lo quieras. ¿Qué debes hacer? Buscar la interiorización, dejar la exteriorización. Dejar de buscar en el exterior la felicidad que anhelas y comenzar a hacer viajes hacia tu interior, pues es allí donde la felicidad auténtica tiene su morada.

 Mira a tu alrededor y comprobarás que equivocadamente la inmensa mayoría de las personas buscan la felicidad fuera de sí mismas. El signo que indica que esto es lo que en verdad sucede es la pujante industria del entretenimiento que existe en nuestro mundo. Estamos buscando nuestra dicha donde ésta en realidad no se encuentra. Por eso la mayoría de las personas sólo experimentan fugaces momentos de felicidad en el estado de insatisfacción y aburrimiento en el que se encuentran inmersas. Andan hambrientas de felicidad, y buscando la misma fuera de sí mismas, en lo exterior, sólo logran alimentarse de productos chatarra. 

 En nuestro interior, en nuestro corazón, es donde acertadamente podemos encontrar la dicha que tanto anhelamos. Allí, en nuestro interior, es donde mora Dios. Él está esperando a que tú, en lugar de prender el televisor, la computadora, o el radio, te des un tiempo para sumergirte en ti mismo, y así tener una audiencia con él. Si haces eso, no una vez, sino constantemente, Dios te va a ir llenando de su amor y de su sabiduría. Después de esos encuentros volverás al mundo con una visión y un estado afectivo más perfectos, capaces de hacerte vivir con una plenitud que desconocías, con una plenitud que irá creciendo hasta hacer de ella partícipes a cuantos te rodean.

 Diego Alberto Treviño Rodríguez.
29 de agosto de 2013

domingo, 11 de agosto de 2013

COMO SENTIRNOS SEGUROS

¿A quién le gusta sentirse inseguro en la vida? La respuesta es indudablemente la siguiente: a nadie. A nadie nos gusta sentirnos inseguros porque fuimos hechos para ser felices y el temor nos roba la felicidad. Muchas veces sentimos temor de perder nuestros bienes materiales, de perder nuestro trabajo, de perder a nuestros seres queridos, de perder nuestra vida, y la manera como solucionamos esos temores muchas veces no es la adecuada, porque ponemos nuestra seguridad en cosas que nos pueden fallar y que muchas veces impiden que nos desarrollemos plenamente como personas que somos. Si ponemos nuestra seguridad en el dinero o en los demás bienes materiales que poseemos nos podemos volver personas avaras, incapaces de amar. Si ponemos nuestra seguridad en las personas que nos rodean nos volvemos dependientes de ellas y éstas nos pueden fallar. Si ponemos nuestra seguridad en nosotros mismos caemos en el grave peligro de volvernos personas egoístas y soberbias. ¿En qué pues nos es conveniente poner nuestra seguridad? Nos es conveniente ponerla en lo único plenamente estable, en Aquél que nos creó, nuestro Padre Dios. Él mismo nos lo pide a través de las Sagradas Escrituras, quiere que pongamos en Él toda nuestra confianza. Nuestra actitud debe ser la siguiente: “Padre mío, yo soy todo tuyo, y por tanto yo estoy convencido de que nada puede sucederme sin que primero Tú lo hayas querido o permitido, por tanto, que se haga Tu voluntad en mi vida, yo confío en Ti” Si hacemos éste acto de manera habitual, renunciamos a poner nuestra confianza en todo aquello que no sea nuestro Padre Dios, y  nos decidimos a poner toda nuestra confianza en Él, va  a nacer en nuestro corazón una seguridad imperturbable.

Diego Alberto Treviño Rodríguez
26 de agosto de 2012