Yo he venido a que tengan vida y la tengan en abundancia. Esas
palabras son de Jesucristo, he indican la vida plena que Dios por el gran amor
que nos tiene quiere comunicarnos. Esa vida en abundancia es precisamente el
Reino de Dios al que podemos acceder desde la vida presente. Es una vida en la
que se nos comunica la mismísima vida de Dios, y por ello podemos vivir amando
como Dios mismo ama con la consiguiente dicha que ello reditúa. Vida plena,
vida en abundancia, esa es la que Dios quiere comunicarnos por el gran amor que
nos tiene.
¿No sería maravilloso poder vivir
sin preocupaciones, sin rencores, sin deseos desordenados, sin tristezas, sin
aburrimiento? ¿No sería algo estupendo vivir con confianza, con paz en el
corazón, con una tarea maravillosa que realizar en la vida? Pues así es como
Dios quiere que vivamos, felices, y haciendo felices a los demás.
¿Cómo podemos vivir así? Esa vida
en abundancia a la que Dios nos invita tiene una puerta de acceso, esa puerta
es la fe. Para poder vivir la vida feliz del Reino de Dios es necesario creer
en Dios Padre, creer en su Hijo Jesucristo, y creer en el Espíritu Santo, así
como creer en la Iglesia, la cuál Jesucristo fundó para comunicarnos la vida de
la gracia y hacer que vivamos como la familia de Dios en la tierra.
La fe en Dios nos lleva a amar a
Dios y a amar a nuestro prójimo, y en la medida en que aumenta nuestro amor
aumenta le plenitud de nuestra vida. Por eso, para que podamos vivir vida en
abundancia es imprescindible que esté arraigada en nosotros la virtud de la fe.
Hay que creer todo lo que Dios en su Hijo Jesucristo nos ha revelado y todo lo
que su Iglesia con maternal amor nos enseña. Creer todo ello, hasta hacerlo
vida en nosotros. Eso es vivir en la verdad. Vivir la vida en abundancia del
Reino de Dios.
Cuando fuiste bautizado recibiste
el don de la fe. Ahora es tu tarea de que así como se cuida con esmero una
pequeña planta hasta que crece y se convierte en un majestuoso árbol que da
frutos a su tiempo, así tú cultives el don de la fe que recibiste hasta que de
frutos de santidad en tu vida.
Diego Alberto Treviño
Rodríguez
3 de octubre de 2013
3 de octubre de 2013
