Translate

miércoles, 25 de septiembre de 2013

TU ELIGES COMO QUIERES VIVIR

En las Sagradas Escrituras se encuentra el siguiente mensaje: “Aléjate del mal, haz el bien, busca la paz y síguela” (Salmo 34,15). Dios, en su infinita sabiduría decidió crearnos como seres libres. ¿Qué significa eso? Significa que somos nosotros los que elegimos lo que hacemos en la vida. Siempre, antes de empezar a actuar, se nos presentan varias opciones, y somos nosotros los que elegimos la que nos parece mejor. Así vamos desarrollando nuestra vida. Hay algo muy común que sucede, que es una terrible tragedia: muchas veces elegimos mal. Eso causa que nuestra persona se dañe y que dañemos a los demás. Son malas decisiones, nos hacemos un mal, y le hacemos un mal a nuestros semejantes. Esas malas  acciones son precisamente obrar el pecado.

Dios, que nos ama entrañablemente, queriendo lo mejor para nosotros, nos pide que nos alejemos del mal. Es como si Dios nos dijera: “No obres el pecado, porque si lo realizas te vas a volver una persona mala, una persona que no es como Yo que soy bueno, y por eso vas a empezar a sentirte muy mal. Empezarás a vivir desordenadamente, amando el pecado que Yo tanto odio, y odiando la virtud que Yo tanto amo, así mi dicha nunca podrá estar en ti.”

Así pues, para poder vivir sabiamente lo primero que debemos hacer es alejarnos del mal, para entonces comenzar a hacer el bien. Es como si Dios nos dijera: “Haz lo que debes hacer en cada momento de tu vida, aunque te cueste mucho. Así, haciendo el bien, mejorarás tu persona, te irás pareciendo cada vez más a Mí, que soy bueno, y por eso mi dicha cada vez estará más presente en ti. Serás feliz como Yo soy feliz”.

Cada quien es libre de elegir lo que mejor le parezca en la vida, pero hay que tener muy presente que si decidimos hacer el mal nos vamos a hacer daño, nos vamos a alejar de la auténtica felicidad. Si en cambio, optamos por hacer el bien, aunque nos cueste mucho, nos vamos a estar haciendo un bien, y ello traerá como consecuencia en nosotros un aumento de nuestra participación en la vida dichosa de Dios, desde ésta vida, y en su plenitud en la eternidad.


Diego Alberto Treviño Rodríguez.
17 de septiembre de 2013

sábado, 14 de septiembre de 2013

LAS COSAS NO SON FINES SINO MEDIOS

Nada trajimos a este mundo y nada nos podremos llevar. El error que muchos de nosotros cometemos consiste en vivir para obtener bienes materiales. Pensamos equivocadamente que si obtenemos más cosas seremos más felices. Nos imaginamos erradamente que las personas más ricas son más dichosas. Por eso, porque muchos piensan de esa manera, dirigen todo su esfuerzo a enriquecerse cada vez más, y muchas personas que no están en condiciones de enriquecerse, por pensar también de esa manera equivocada, sienten envidia por los que más tienen y tristeza por tener tan poco. Esas actitudes, el vivir para enriquecerse, el envidiar a los que más tienen, y el sentir tristeza por tener poco, son actitudes equivocadas que podrían corregirse si comprendiéramos el papel que Dios le ha asignado a los bienes materiales.

Todos necesitamos para vivir de bienes materiales. Estos son necesarios por nuestra naturaleza corpórea. Nuestro cuerpo requiere ser alimentado y vestido; así mismo, necesitamos de un lugar donde vivir. Los bienes materiales son en el plan de Dios medios para desarrollar adecuadamente nuestra vida. Nuestro error ante los bienes materiales es el siguiente: en lugar de verlos como lo que son, medios para desarrollar adecuadamente nuestra vida, los vemos como bienes por los cuales debemos vivir, ilusionándonos pensando que teniendo más de esos bienes llegaremos a ser más felices.

¿Por qué es equivocado pensar que teniendo más bienes materiales se puede ser más feliz? Porque lo que nos hace felices no es el tener cosas materiales sino el vivir para servir a Dios y a nuestros semejantes. Dios es amor, y nosotros fuimos creados por Él a su imagen y semejanza, por eso sólo amando podemos vivir de acuerdo a lo que realmente somos.

Dejemos de buscar nuestra felicidad en los bienes materiales, ellos nunca llenarán el ansia de plenitud que llevamos dentro. Comencemos a preguntarnos que podemos hacer de bueno por las personas que nos rodean, encontremos la respuesta, y empecemos a ponerla en práctica, y por consecuencia de ese amor que comencemos a ejercer en nuestras vidas empezaremos a experimentar auténtica felicidad.


Diego Alberto Treviño Rodríguez
12 de septiembre de 2013