En las Sagradas Escrituras se
encuentra el siguiente mensaje: “Aléjate
del mal, haz el bien, busca la paz y síguela” (Salmo
34,15). Dios, en su infinita sabiduría decidió crearnos como seres
libres. ¿Qué significa eso? Significa que somos nosotros los que elegimos lo
que hacemos en la vida. Siempre, antes de empezar a actuar, se nos presentan
varias opciones, y somos nosotros los que elegimos la que nos parece mejor. Así
vamos desarrollando nuestra vida. Hay algo muy común que sucede, que es una
terrible tragedia: muchas veces elegimos mal. Eso causa que nuestra persona se
dañe y que dañemos a los demás. Son malas decisiones, nos hacemos un mal, y le
hacemos un mal a nuestros semejantes. Esas malas acciones son precisamente obrar el pecado.
Dios, que nos ama
entrañablemente, queriendo lo mejor para nosotros, nos pide que nos alejemos
del mal. Es como si Dios nos dijera: “No obres el pecado, porque si lo realizas
te vas a volver una persona mala, una persona que no es como Yo que soy bueno,
y por eso vas a empezar a sentirte muy mal. Empezarás a vivir desordenadamente,
amando el pecado que Yo tanto odio, y odiando la virtud que Yo tanto amo, así
mi dicha nunca podrá estar en ti.”
Así pues, para poder vivir
sabiamente lo primero que debemos hacer es alejarnos del mal, para entonces
comenzar a hacer el bien. Es como si Dios nos dijera: “Haz lo que debes hacer
en cada momento de tu vida, aunque te cueste mucho. Así, haciendo el bien,
mejorarás tu persona, te irás pareciendo cada vez más a Mí, que soy bueno, y
por eso mi dicha cada vez estará más presente en ti. Serás feliz como Yo soy
feliz”.
Cada quien es libre de elegir lo
que mejor le parezca en la vida, pero hay que tener muy presente que si
decidimos hacer el mal nos vamos a hacer daño, nos vamos a alejar de la auténtica
felicidad. Si en cambio, optamos por hacer el bien, aunque nos cueste mucho,
nos vamos a estar haciendo un bien, y ello traerá como consecuencia en nosotros
un aumento de nuestra participación en la vida dichosa de Dios, desde ésta
vida, y en su plenitud en la eternidad.
Diego Alberto Treviño
Rodríguez.
17 de septiembre de 2013
17 de septiembre de 2013